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Malpica de Bergantiños. Ruta por el casco histórico

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Malpica de Bergantiños. Vista aérea

Malpica de Bergantiños se asienta sobre una pequeña península, conformada por la presencia de tres elementos geográficos determinantes: arena, tierra y mar. O la Area Maior, el pico de la Atalaia y el puerto. Espacios con mayúscula, contextos de vida y también de muerte que configuran la fisonomía física de una villa y la idiosincrasia de sus gentes.

La calle Eduardo Vila Fano marca el inicio de este camino que discurre entre calles y callejuelas. El citado ingeniero fue capaz, en tiempos de la II República (1931) y con la inestimable ayuda del diputado Emilio González López, de sentar las bases del puerto actual de Malpica de Bergantiños.

Junto con Caión, Corme, Laxe, Camelle o Camariñas, Malpica de Bergantiños es una de las típicas villas marineras de este mítico espacio denominado Costa da Morte. Hoy en día, tan sólo podemos ver, gotas, escasos ejemplos de arquitectura marinera entre la esquizofrenia urbanística predominante. A pesar de todo, las calles estrechas y laberínticas, y avivados colores de fachadas y ventanas, el olor a algas, el calor de la gente, permanecen inmutables a lo largo del tiempo. Déjese llevar el viajero por semejante sensación.

El lema turístico ideado en la década de los setenta por las autoridades locales decía "Malpica de Bergantiños: a Vila da Vida na Costa da Morte" (Malpica de Bergantiños. La villa de la vida en la Costa da Morte). De la calle principal, salen docenas de arterias por las que transitan cientos de vidas, dando como resultado una imagen de vitalidad y movimiento inusitado. Conversaciones en voz alta con un hablar de canturreo, niños jugando en las calles, el trasiego entre pequeños comercios y el tráfico, denotan cierto caos armónico que el visitante valora como vital y relajante al mismo tiempo. Lástima de una arquitectura que aporte contrapunto racional a tanto bullebulle.

Y la salitre extendida por el soplido sonoro del nordeste, la omnipresente gaviota, los rostros agrietados por el trabajar diario en el mar, impregnan carácter a una villa que ha visto, en estas mismas calles, las Misiones Pedagógicas, los actores llegados de la Meseta, el desfilar en la memoria del primer guarda civil asesinado por ETA, procesiones dictadas por el santoral y huidas en la madrugada hacia la libertad. Fue durante la Guerra Civil, cuando tres motoras de Malpica, llenas de hombres, miedo y pesar, arriesgaron vidas propias e ajenas para evitar luchar en la contienda contra hermanos de la misma Fe. Historias de la vida por reescribir.

:: Arquitectura marinera

Como cualquier villa marinera, las primeras casas de Malpica de Bergantiños nacieron al abrigo del nordeste y con las fachadas hacia el mediodía a los pies de Pico da Atalaia. Poco a poco, se iban colgando hasta las mismas rocas de la orilla. Gracias al desarrollo económico basado en la pesca, pasaron del primitivo espacio ocupado, a extenderse por la calle principal. Las construcciones actuales, a modo de cubos sin gracia, se levantan sin pensar en las zonas ventiladas, carentes de la mínima armonía y de la belleza de corredores y galerías de las casas de antaño que fascinaban todas y cada de las miradas.

Casa terrena
Es la tipología constructiva más primitiva. Los muros son de mampostería, reforzados en los huecos y esquinas. Consiguen muy poca altura para defenderse de los vientos dominantes en la costa. El interior se divide en escasos espacios: cocina, pasadizo, pocilga, cuarto y cubierto. Tan sólo tienen una planta.

Malpica de Bergantiños. Casa con BalcónCasa con soportal
Casa entre medianeras, con dos plantas. La segunda, en la fachada, se sostiene por columnas de hierro, columnas de piedra o por una arcada. De este tipo no encontramos ningún ejemplar en Malpica.

Casa con corredor
De madera, de hierro, hoy de cemento, sostenido por canzorros o por un suelo de piedra que sobresalen de la fachada unos balcones que otorgan señoría a las viviendas. Espacio de ocio, lugar para colgar utensilios de pesca o ropa, en un rincón mostraban un recinto cerrado destinado a ser el retrete de la vivienda.

Casa con galería
Son las casas de las familias más acomodadas, de los patrones de embarcaciones. La galería, de cristales orientándose al atardecer para imprimir calor al interior de la vivienda. Espacio para palillar o gozar de buenas lecturas en las familias más ociosas.

En la Praza do Cruceiro, donde hoy se levanta una cruz de piedra grabada por sus cuatro caras, manaba una fuente natural desde donde se abastecieron de agua los moradores de la Atalaia desde tiempos de la creación de esta villa. La plaza se muestra en encrucijada de invitación a caminos dispares. Una nos lleva al puerto. La calle Ramona Criado, que recuerda la figura de una maestra querida en la villa. La calle San Ramón que, cercando el pazo del Vizconde San Alberto, nos lleva a la Atalaia. Caminamos por la calle Tío Paz, amable marinero muy querido por los niños por los cuentos y mañas del mundo del mar que les enseñaba cuando se acercaban a su casa.

Andamos mientras la ruta cuelga de los primitivos balcones de Malpica para que la envidia no entre en las casas nos acercamos al Mirador. Contemplamos la pequeña bahía hoy convertida en uno de los más importantes puertos de bajura de Galicia. La dársena que resguarda a las embarcaciones más indefensas. La Casa do Pescador con los murales de Urbano Lugrís. El Camiño do Río, que se fue poblando de cajones de ladrillo, que también observan la peligrosa bahía. Y la costa recortada, de vegetación baja y peligrosas cuevas marinas. Es este un espacio para detenernos, para parar el tiempo y contemplar el trajín de marineros y compradoras abajo, en el puerto.

Descendemos por los tramos de escaleras que parten desde el amplio techo de la lonja antigua, hoy aulas para actividades portuarias. Abajo nos esperan distintos tipos de embarcaciones pesqueras, los oficios centenarios que fueron conformando la economía de esta villa marinera y la variedad de peces y mariscos capturados.



:: El Puerto

Malpica de Bergantiños nació como puerto ballenero. En el siglo XVII, Jerónimo del Hoyo (365) nos dice que este era el puerto de Galicia donde más ballenas se capturaban: "Péscanse cada año siete u ocho ballenas, dos más o menos, arriendan los vizcaínos, que son los que la pescan; al arçobispo páganle casa año siete mill maravedís y estos son renta fixa". Desde aquel momento, quizás el puerto "piojo" (apodo local por la costumbre, hoy en desuso, de luchar con las plagas de este parásito en las cabezas de los niños en la tarde baja) no dejase de estar en obras de mejora. El dique de abrigo, hecho de hormigón y piedras procedentes del Monte de Beo, pretende cerrarle el paso a la rompiente de la "Plancha". A pesar de su altura y longitud, aún resulta insuficiente, y hay días de temporal, que muchos barcos deben buscar refugio en otros abrigos. No es este un puerto natural, y eso evoca a buscar soluciones humanas a inclemencias naturales .

Tarrafas
Son las embarcaciones más grandes del puerto y se dedican a la captura de jurel y sardina. Su tonelaje oscila entre 0 y 50 toneladas y tienen como área de capturas desde Laxe hasta Cariño. Hace tiempo era un importante banco pesquero el Mar de Domingues situado a 10 millas fuera del puerto de Malpica. Utilizan como arte de pesca la tarrafa, larga red de 550x90 metros con la que cercan los bancos de peces. En estes barcos podemos reconocer los tres distintos tipos de popas: de pavo, de rabo de gallo y de espejo o estampa. Salen a faenar por la tarde baja y regresan cuando pescan o, lo más tarde, al amanecer del día siguiente. Es todo un espectáculo observar las tareas de subasta y descarga. Acostumbran a tener entre ocho y doce hombres a bordo, divididos en "clases" según su ocupación (maquinista, largador, patrón…) y cobran según la misma en "quiñones" o partes .

Malpica. Puerto. MarinerosBarcos del día
Son embarcaciones de menor tonelaje que desde el amanecer hasta primeras horas de la tarde se dedican a la captura de crustáceos, cefalópodos y pescado blanco. Su área de capturas va desde los Baixos de Baldaio hasta las islas Sisargas, las más pequeñas, mientras que las de mayor tamaño se alejan hasta 11 o 12 millas. Utilizan artes de pesca como miños, nasas, vetas o palangres.

Boteros
Malpica es el único lugar de Galicia donde existe este oficio conocido también como los taxistas del mar. Los boteros se encargan de llevar a los marineros desde el muro hasta las embarcaciones que están ancladas en medio del puerto. Su peculiaridad y el sistema de cobro por el trabajo desarrollado: cobran en especie, por trueladas de pescado que, pasada la noche, venden en la lonja. Hay familias de boteros de toda la vida: "Os Pasandín", "Os Gagos", "Os Juanciños"…

Las rederas
Es impresionante la imagen de las mujeres malpicanas sentadas sobre una alfombra de red mientras arreglan las roturas de la red provocadas por un arrecife que enganchó en el arte o un banco de peces que logró un hueco para escapar. Colgada de la punta de los pies y tirante una pequeña colección de agujas va entrelazando las mallas hasta quedar el aparejo totalmente reparado. Hoy, aprovechan una nave para tales menesteres, aunque todavía se les puede ver atando redes por el puerto.



:: La Lonja

Desde que Malpica de Bergantiños, tras su pasado ballenero, se convirtió en puerto de pesca de bajura, los espacios de subasta de las capturas fueron cambiando de emplazamiento. José Mas en su novela La Costa de la Muerte nos describe la lonja y la descarga de pescado en los años 20, sita en los cimientos de la Casa del Pescador: "En cuanto las barcas pasaban la plancha, las mujeres, con los pies desnudos y las piernas al aire, avanzaban en grupos de cuatro o cinco para aferrarse a la proa y ayudar a sus hombres en la complicada y laboriosa tarea del desembarco... con grandes cestas, y ayudadas por la tripulación, la iban trasladando [la pesca] a un rincón de la plaza que por un milagro estaba libre... Vacía la barca, los marineros y el patrón marchaban... Quedaban, por lo tanto, como únicas dueñas del producto de la pesca las mujeres. Ellas mismas hacían el reparto". Desde aquí, trasladaban la sardina en la cabeza hasta las fábricas de conservas y salazón que había en la villa. En la tarea de transportar el pescado en cestas hasta tierra, participan mujeres y niños, cobrando una "tarja" por cada viaje, una moneda local de valor simbólico que era cambiada posteriormente por pesetas o duros en la casa del patrón. Hace ya décadas que no se estila.

Realizada la primera ampliación del puerto, se construyó la vieja lonja que hoy ha dado paso a una dotada de medios más modernos.

Malpica. Mirador


La subasta
Con respeto y silencio se puede acudir a un sistema tradicional de puja y casi extinguido en Galicia como es la subasta de las capturas. La pesca de las tarrafas se subasta en monitores electrónicos. Con un truel, se trae una muestra de lo capturado (dos o tres kilos) para que el comprador valore lo que va a comprar. El coste de ese producto, estipulado el precio de toda la carga, se destina a la Cofradía de Pescadores.

Sin embargo, la pesca del día se puja cantando las compradoras el precio del kilo de cada especie a la baja; aceptada la compra, la pescantina coloca un papel con su nombre en las capturas adquiridas.

La comercialización
Tras la subasta, unas pocas capturas de las embarcaciones malpicanas abastecen el mercado local, mientras que las restantes, se trasladan a la capital de la comarca, a plazas tan importantes como las de A Coruña, Santiago o Vigo y, en algunas ocasiones, se acercan a Madrid o a mercados portugueses. Parte de las capturas también se dedican para la producción de piensos en las fábricas de harina en Cariño.

Las especies
En este puerto se captura tanto pescado blanco como azul, crustáceos, moluscos e incluso equinodermos como el erizo de mar. Las especies que más pasan por la lonja malpicana, además de los citados sardina y jurel, son: raya, pintarraja, maragotas, faneca, solla, abadejo, lubina, sargo, pulpo, centolla, nécora o percebe. Hay algunas, como el salmonete o el pez de San Pedro, en franca disminución.

28/06/2006 ir arriba

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